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INFOM y las oportunidades que debe aprovechar para mejorar la calidad de vida de las personas

Por: Dirección de Comunicación

En Guatemala, hablar de agua y saneamiento es hablar de calidad de vida. Es hablar de salud, de dignidad y de futuro. Por eso, cuando los datos del Censo 2018 revelaron que el 89.2% de los hogares cuenta con agua por tubería, pero que más del 11% aún depende de ríos, lluvia, lagos o manantiales, quedó claro que existe una brecha histórica que no puede seguir esperando. Y lo mismo ocurre con el saneamiento: el 9.1% de los hogares aún no tiene conexión a un sistema de alcantarillado, una realidad que impacta directamente en la salud pública y en el bienestar de miles de familias.

Pero estas cifras no solo evidencian desafíos. También representan una oportunidad para que el INFOM, en conjunto con las municipalidades, impulse soluciones concretas que transformen el territorio: desde nuevos sistemas de abastecimiento de agua hasta infraestructura de saneamiento que cambie la vida en comunidades enteras.

Sin embargo, para comprender plenamente este momento, vale la pena mirar hacia atrás. Entre el Censo de 2002 y el de 2018 pasaron 16 años sin datos actualizados. Ese vacío debilitó la capacidad del país para planificar, distorsionó las proyecciones poblacionales y dejó a Guatemala avanzando, durante demasiado tiempo, sin brújula estadística. La publicación del Censo 2018 marcó entonces un punto de inflexión: permitió corregir instrumentos, redefinir prioridades y alinear las metas nacionales e internacionales.

En ese nuevo contexto, el INFOM tiene una oportunidad crucial. Su labor no se limita a agua y saneamiento. La institución cuenta con una cartera amplia: créditos a municipalidades, fortalecimiento de capacidades, análisis de laboratorio para agua potable y aguas residuales, estudios técnicos, elaboración de manuales y asistencia especializada. Si estas funciones se orientan con criterios de eficiencia, eficacia y productividad, como demandan los tiempos actuales,  y si se consolida una plataforma moderna de planificación y registro, el INFOM podrá fortalecer su papel rector y visibilizar su producción institucional.

El reto es cambiar el paradigma. Durante años se creyó que “la información es poder”. Hoy sabemos que el verdadero poder está en usar la información para tomar decisiones inteligentes, seguirlas con monitoreo, evaluación y aprendizaje continuo. Solo así se podrán elevar los estándares operativos y construir servicios sostenibles. Y solo así el INFOM podrá consolidarse como articulador real entre gobierno central, municipalidades, consejos de desarrollo y comunidades.

Nada de esto será sencillo. Exige compromiso, disposición y liderazgo. Pero los avances recientes muestran que es posible. Entre 2024 y 2025, el INFOM recuperó presencia territorial, proyectos rezagados por años fueron concluidos y el diálogo institucional volvió a abrirse. Con ello, la confianza (ese bien tan escaso y tan necesario)empieza a reconstruirse.

El anhelo es claro: ver a un INFOM plenamente fortalecido, capaz de liderar y convertirse en referencia nacional en aquello que define el desarrollo: acceso digno al agua y saneamiento, fortalecimiento municipal y reconocimiento de la población como sujeto pleno de derechos. Allí comienza, verdaderamente, el cambio que Guatemala necesita.

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